*Escribe Mariana Gonzalez.
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En un mercado obsesionado con la novedad, el lujo encontró finalmente su límite natural, lo que ya no existe. En París se subastó el primer bolso fabricado con supuestas células de dinosaurio cultivadas, un ejemplo de biotecnología aplicado a la ostentación. Fueron cultivadas en laboratorio a partir de información biológica reconstruida de un dinosaurio extinguido hace unos 66 millones de años.
- Los biotextiles son materiales vivos o biofabricados que desplazarían a la industria textil tradicional hacia un régimen donde la materia se cultiva. Los más conocidos son los biomédicos, materiales diseñados para interactuar con sistemas biológicos, suturas, injertos arteriales, piel artificial, tejidos para reparación de hernias, etc.
El proyecto fue desarrollado por VML, The Organoid Company y Lab-Grown Leather Ltd. Según sus responsables, partieron de fragmentos de colágeno, la proteína clave en la estructura de la piel, encontrados en fósiles de T. Rex, utilizaron modelos computacionales e inteligencia artificial para reconstruir secuencias biológicas incompletas, crearon ADN sintético basado en esas reconstrucciones, introdujeron esa información en células para producir colágeno en laboratorio y con ese colágeno fabricaron un material similar al cuero y confeccionaron un bolso de lujo, sin necesidad de animales ni estructuras sintéticas externas.
Fue presentado públicamente el 2 de abril de 2026 en el Art Zoo Museum, en Ámsterdam. Allí exhibieron por primera vez el bolso fabricado con el material que los creadores llamaron «T-Rex Leather», después permaneció expuesto durante unas semanas (hasta alrededor del 11 de mayo de 2026) antes de ser enviado a subasta. La casa de subastas fue Giquello, mientras que la venta se realizó en el histórico recinto de subastas Hôtel Drouot, en París.
La pieza fue incluida dentro de la venta «Tentation Nº4», una subasta de objetos excepcionales y de colección, más cercana al universo de las curiosidades, el diseño y las piezas singulares que al de la marroquinería tradicional.
Finalmente no se vendió en la subasta. El bolso recibió ofertas, pero la puja máxima llegó aproximadamente a 150.000 euros, muy por debajo del precio mínimo que los vendedores esperaban (entre 300.000 y 500.000 euros). Al no alcanzarse la reserva, la venta fue cancelada y el artículo quedó sin comprador. Después de la subasta fallida, la empresa involucrada informó que retiró la pieza de la venta pública y que intentaría colocarla mediante una venta privada a coleccionistas de alto patrimonio.
Se presenta una gran controversia ya que muchos paleontólogos cuestionan la idea de llamarlo «cuero de T. Rex». El motivo es que no existe ADN completo de T. Rex conservado. No hay genes de T. Rex disponibles para copiar, los fragmentos de colágeno fósil usados son incompletos. El material obtenido es, en el mejor de los casos, una reconstrucción inspirada en proteínas asociadas al T. Rex, no piel auténtica de dinosaurio.
Según sus creadores, sí lo es, porque utiliza información biológica reconstruida a partir de restos fósiles de T. Rex.
Pero, ¿es ese el verdadero tema de debate?
Se plantea quién es dueño del patrimonio fósil, organismos conservacionistas temen que esta tecnología fomente la extracción irresponsable de fósiles. Los fósiles son patrimonio científico y, en muchos países, patrimonio del Estado. Comercializarlos como materia prima para moda de lujo abre una pregunta incómoda sobre quién puede apropiarse de restos prehistóricos.
También, hay un límite a «revivir» lo extinto, surgen dudas sobre si deberíamos comercializar tejidos que pertenecieron a criaturas desaparecidas hace 66 millones de años. Aunque no es clonación, hay una pregunta filosófica de fondo: ¿qué significa apropiarse biológicamente de una especie que la naturaleza ya descartó?
La tecnología nos ofrece, por primera vez, la oportunidad de desvincular la producción de materiales de alta resistencia de la explotación ganadera y el colapso ecológico. Pero al inaugurar la era de los materiales basados en datos genéticos, el mercado parece tropezar con sus viejos vicios, la recontextualización del código de una especie extinta como un fetiche de exclusividad y elitismo cultural.
El dinosaurio ha regresado.
*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.
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