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Los nazis no pudieron con París. Los revolucionarios de ultraizquierda, por ahora, tampoco. Pero dominan territorios claves de la política francesa. Sindicatos, universidades, organizaciones no gubernamentales, empresas públicas, en un país donde el Estado controla el 80% de la economía.

Macron, presidente en su segunda período, está acorralado con escasos aliados de su política socialdemócrata aunque cuenta con un socio poderoso en Washington.

El presidente Donald Trump entró de lleno en el conflicto. El lunes en la Casa Blanca a los gritos en dirección al Elíseo ─asiento del Jefe de Estado francés─ reclamó «paren a los inmigrantes». Tarea nada fácil para el poder institucional del país.

Francia perdió en 1954 la Gran Batalla de Indochina en Dien Bien Phu, pequeña ciudad del noroeste de Vietnam. El ejército francés, el más poderoso de Europa, huyó diezmado y desarmado después de un mes de combate.

Argelia había marcado ya en julio de 1957 el caos que reinaba en los altos mandos franceses. Comenzaba el programa de descolonización después de cien años de ocupación militar.

Los dos escenarios, con poco más de diez años de diferencia, marcaron un severo deterioro de las instituciones del país.

El período de «descolonización» aportó para los países de Indochina ─Laos, Vietnam, Camboya, Tailandia─, beneficios económicos y sociales, con documentación, pasaporte y carta de identidad que les permitía entrar y salir de Francia sin visado.

El proceso en Argelia fue muy parecido, aunque la convulsión en Francia fue dramática. El fallido atentado contra De Gaulle en un acto público es una prueba, como bien relata Frederic Forsyth en «El Chacal».

La población musulmana ya se acerca al diez por ciento del total, con historia y costumbre totalmente distintas, un verdadero «¿Choque de civilizaciones?» (Samuel P. Huntington, 1993). Están concentrados en los alrededores de las grandes ciudades que no dudan en destruir como ocurre en Lyon, Limoges, Marsella, París.

Falta de presupuesto para atender los reclamos de inmigrantes y de la población estudiantil

Francia es el país más endeudado de Europa con un 5% de déficit sobre el gasto público. Este año corresponde pagar 120 millones de euros que buscan financiar a tasa conveniente, que ningún banco ofrece.

La falta de viviendas, el costo de vida que no cesa, los servicios públicos, bases de la protesta social. Pero hay mucho más en el ambiente.

Los ataques en 2015 en lugares de comida y diversión, con foco en el conocido teatro Bataclán, estuvieron organizados y coordinados con otras ciudades. Más de diez muertos con decenas de heridos. Habla de algo más que reclamos por el nivel de vida.

La izquierda es muy poderosa en Francia, supera en capacidad de organización y control de empresas públicas a la defensa de las instituciones democráticas.

El estado de bienestar se terminó en Europa. Estados Unidos rechaza continuar subsidiando el déficit fiscal de países gobernados por políticos de escasa fortaleza para enfrentar los problemas más agudos, donde la immigración se lleva el primer puesto. Escenario en el cual la izquierda gana terreno en medio de la incertidumbre política.

*Escribe Humberto Toledo, director general de LaCity.com.ar, especialista en análisis de política internacional.

Foto: Jorge Jaramillo

Otro artículo escrito por Humberto Toledo: El bálsamo de Trump

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