*Por Humberto Toledo

Lectura: 3 minutos

Entre mayo y junio la prensa internacional a través de sus voces más calificadas, ponía en guardia a los lectores directos ─y sobre todo indirectos─ frente a lo que suponía el inminente desenlace de una conflagración mundial. Los directos pueden estar en Londres o Berlín. Los indirectos en todo el mundo.

En Buenos Aires un diario «serio» engañaba con el triunfo de la demócrata Kamala Harris ─una política de izquierda─ frente a Donald Trump en las pasadas elecciones de Estados Unidos donde triunfó el republicano con diez puntos de diferencia.

La catástrofe no existió, tampoco una retractación.

En los meses más recargados de ataque y destrucción, empezando por los bombardeos entre Irán e Israel, cruzaban diez drones por día desde las inmediaciones de Teherán hasta alcanzar territorio israelí. La respuesta fue de igual magnitud.

Entre marzo y abril Irán comenzó «la guerra de los drones» con un objetivo principal, destruir y terminar con el Estado de Israel. El otro centro fue el Estrecho donde circula el cuarenta por ciento de la actividad productiva mundial, en este caso utilizando a los hutíes, un grupo rebelde que se hizo fuerte para hostigar al Reino de Arabia Saudí, la histórica y sangrienta batalla entre chiitas y sunnitas. La intervención del presidente de EE. UU., Donald Trump, modificó el curso de las hostilidades. Irán pasó de lanzar diez drones por día con rumbo a Teherán a uno por día.

Putin al mismo tiempo continuaba con su guerra personal con Ucrania empeñado en la conquista territorial del sector oriental del país que gobierna Zelenski que alargó tres años «el paseo» como el Kremlin denominaba inicialmente la invasión.

Las hostilidades entre América Central ─Venezuela y Cuba─ fueron de menor intensidad. La comunidad internacional apenas reaccionó cuando Trump ordenó la captura y extracción del dictador Maduro.

Por otra parte, las protestas contra Maduro fueron mínimas.

En el caso de Cuba, la comunidad cubana en Miami se entusiasma con la posibilidad de volver y recuperar los bienes de patrimonio que Fidel les robó en 1959/60.

Lo que es evidente y resalta a todas luces, es que la intervención de Donald Trump modifica el escenario. Nadie se animaba ─y los demócratas de EE. UU., menos─, a esa modificación. No solamente la izquierda perdió un ícono como Fidel, alimentado en términos financieros por Chávez, y luego Maduro.

La intervención de Trump, pone una nueva luz en el escenario mundial, y no estaría del todo mal, analizar la hipótesis de Fukuyama cuando plantea el fin de la historia. Que fue para el sociólogo, el derrumbe del comunismo (URSS) sin ningún conflicto. Se hundió solo después que Ronald Reagan lo desafiara con la política de la carrera del espacio.

A partir de ese momento los conflictos donde interviene Trump cabe preguntarse si sucedió como plantea Fukuyama, pero en términos de conflictos bélicos.

Humberto Toledo es director general de LaCity.com.ar, especialista en análisis de política internacional.

Imagen generada con IA.

Otro artículo de interés: La hora de Cuba

Deja una respuesta

Tendencias