«Cisne Negro», inquietante ensayo del economista libanés sobre coronavirus

INTERNACIONAL

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Taleb se presenta a sí mismo como un pensador de la incertidumbre más que como un hombre de ciencia, un matemático o un científico. Su ensayo trata de la incertidumbre.

Una de las fortunas de la «tercera cultura», o esta nueva cultura tecno-científica que surgió en el siglo XX, es la habilidad de estos científicos para divulgar sus ideas, más allá de las fronteras aldeanas en que habitan.

Taleb, de origen libanés (o levantino, como gusta a este pensador ser nombrado), y residente en Estados Unidos, es profesor de la Universidad de Massachussetts en Ambherst; sus especialidades son las probabilidades y la incertidumbre.

En este ensayo se ocupa de explorar la incertidumbre. Para su investigación recurre a una metáfora; «El Cisne Negro», que es su metáfora sobre la incertidumbre. «Nuestro mundo está gobernado por lo imprevisto: “[…] el mundo en que vivimos tiene un número creciente de bucles de retroalimentación que hacen que los sucesos sean la causa de más sucesos”, lo que genera un efecto de bola de nieve, que afecta todo el planeta».

El concepto de «cisne negro» fue inicialmente descubierto por Karl Popper para discernir entre una teoría científica, siempre conjetural, de las no ciencias.

Su propuesta se resumía así: lo que podemos hacer, con una teoría científica, no es verificar si «todos los cisnes son blancos», sino si hay al menos un cisne negro. Si encontramos un cisne negro, una hipótesis predominante quedará «falseada» o «refutada». O en el sentido de la sentencia de Taleb, «falsear es demostrar que se está equivocado». La hipótesis («todos los cisnes son blancos») que resista un cisne negro, merece el adjetivo de «científica».

Como asesor financiero Taleb ha aplicado sus investigaciones a los comportamientos económicos. Su sentencia es perturbadora: predomina lo aleatorio. Los organismos multinacionales como el FMI (Fondo Monetario Internacional), donde se encuentran algunos de los más renombrados economistas del mundo, tienen tan pocos aciertos que parece más una logia de adivinos que de científicos dice el autor. Los economistas ganan fortunas, son estrellas mediáticas y los asesoran equipos que analizan números y proyecciones, y sin embargo no predicen nada; hacen previsiones después del acontecimiento económico (un «crack» financiero, la bonanza económica, el futuro de los intereses, etc.).

De un millón de artículos en economía, análisis de inversión y política, pocos tienen comprobaciones sobre las cualidades predictivas de sus conocimientos, dice Taleb.

Predicen poco, pero cada uno de estos expertos gana cada vez mayor confianza en sus propias destrezas más que en sus vaticinios.

La irrupción del coronovirus, como un temporal de verano, parecería adecuarse a las proyecciones del economista libanés.

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