Argentina bajo presión del virus y deuda externa

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Ministro de Economía, Martín Guzmán junto a presidente argentino, Alberto Fernández / Foto: @alferdez Twitter

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La negociación de Argentina con sus acreedores para que acepten una propuesta de reestructuración de deuda de 65.000 millones de dólares se ha mostrado «difícil», dijo el ministro de Economía, Martín Guzmán, y añadió que «no hay planes de extender el plazo para cerrar un acuerdo».

Argentina, que es una potencia agrícola a nivel mundial, atraviesa una severa crisis económica que se ha profundizado por la pandemia del COVID-19. Por eso, ofreció en abril a los tenedores de bonos una quita de intereses del 62%, un período de gracia de tres años y una quita de capital del 5,4%.

Los tenedores de bonos tienen hasta el viernes para responder a la propuesta, aunque tres grandes grupos de acreedores ya han rechazado la oferta, chocando con el gobierno, que dice que no puede pagar nada más.

Mientras, las tensiones se han generado entre el gobierno federal y los estados provinciales, ya que las provincias aceleraron la autorización de nuevas actividades exceptuadas de la cuarentena, con el objetivo de recuperar una parte de la debilitada actividad económica.

Después del encuentro con el presidente Alberto Fernández, cuando anunció la flexibilización de la cuarentena permitiendo una hora por día para recreación, los gobernadores, en su mayoría, rechazaron la medida, porque la urgencia pasa por la economía, porque los Estados necesitan recaudar, porque hay empresas en riesgo de desaparecer y otras empezaron a despedir personal, suspender o pagar salarios en cuotas.

Desde la primera prórroga del aislamiento obligatorio, la presión de las cámaras de comerciantes, empresarios e industriales para que se les autoricen actividades han ido en aumento.

Desde la semana pasada, los gobernadores tienen más autonomía para resolver y varios avanzaron con aperturas parciales. De hecho, algunos gobernadores entienden que debería haber un cronograma nacional para los próximos dos meses, similar a los de España e Italia, y que, si el virus avanza, se modificará sobre la marcha.

Las pérdidas en los sectores alcanzan del 75% al 90%, nadie escapa de esta situación. El panorama más preocupante sigue siendo el de las pequeñas y medianas empresas, los trabajadores independientes, los trabajadores informales y los sectores más pobres de la sociedad, que en las últimas semanas llenaron 10 millones de formularios para recibir ayuda estatal.

Por eso, el gobierno empezó a diseñar un «camino de salida de la cuarentena» con un fondo especial de 20.000 millones de pesos destinado a programas de capacitación, créditos y compra de maquinarias para aquellas personas que forman parte de la economía informal, unos 4,5 millones de ciudadanos.

Hay asistencia de alimentos de primera necesidad y operativos de las fuerzas armadas entran a diario a las zonas más humildes, «las villas de emergencia» o los barrios populares, para garantizar que por los menos sus habitantes tengan 2 raciones de comida.

Esto se complementa con los comedores comunitarios que voluntarios solidarios montaron hace varios años para darles de comer a los niños pobres y a las escuelas públicas de muchas ciudades, donde los pequeños asisten a educarse, pero sobre todo alimentarse de lunes a viernes.

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