Opina Flombaum: Con el corazón sin hipocresía

OPINIÓN

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Gobernantes* / Foto: @Kicillofok Twitter

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

 

 

 

Lectura: 6 minutos

Siento desazón cuando veo que ante una crisis sanitaria los cultores del odio y de la grieta miran con desconfianza el trabajo que el conjunto de los distintos hace en beneficio de todos.

Siento tristeza cuando veo que en momentos de gran sufrimiento de la mayoría del pueblo algunos se debaten en la política, en los medios y en las propias instituciones por intereses particulares.

Siento desesperanza cuando proyectan el futuro planificando en ganar al adversario para acumular poder cuando se ha demostrado que cuando los adversarios debaten sobre las cosas hay más coincidencias que diferencias.

Siempre me viene a la memoria el ejemplo de Mandela, cuando tomó el poder de Sudáfrica luego de decenas de años de lucha. No perdió un minuto en cobrar revancha del apartheid, tan injusto y aberrante, que sumió a la mayoría del pueblo en la pobreza y la cuasi esclavitud mediante la violencia y la muerte.

Cuanta de hipocresía hay en la lucha política de las oligarquías del poder que disfrazan en ideologías inexistentes sus enfrentamientos por intereses inconfesables.

Cuanto egoísmo hay en la clase empresaria que adornan los despachos de todos los del poder, sea quien sea, mientras no les toquen sus intereses.

Cuanta falta de patriotismo hay atrás de la luchas de las partes que no son capaces, no digo olvidar, ni perdonar sino simplemente ignorar los hechos del pasado ante la magnitud del sufrimiento del pueblo en el presente.

El procesamiento y condena a los gobernantes que sin duda se equivocaron, robaron, defraudaron en el pasado no sacará a uno solo de los argentinos de la pobreza, no fuimos capaces de construir instituciones probas y confiables luego de la destrucción ética, moral y material de la última dictadura.

Todos los gobiernos fueron elegidos por el pueblo, todos aun hoy tienen una vigencia en las expectativas de gran parte de la ciudadanía. Esas expectativas volcadas en votos hacen que sin la conjunción de ambas fuerzas la decadencia económica y la mala calidad institucional esté garantizada.

Siento que el gobierno se debate en la necesidad del acuerdo para gobernar, pero ante cada acción salen los especuladores del poder a exigir, impedir y desgastar a un gobierno legítimo. No lo voté, pero es mi gobierno, no creía, pero deseo su éxito.

Soy parte de aquellos que no formamos parte de ninguno de los extremos. Pero decidimos en cada instancia quién de los dos gana.

Creo que nuestras frustraciones hoy nos convocan a impulsar fervientemente el acuerdo para que por un período largo solo debatamos tema por tema, que no perdamos un minuto en juzgar el pasado.

Un pasado del cual ningún dirigente, de ninguno de los sectores puede hacerse el distraído sobre su pequeña o gran responsabilidad de lo sucedido. Todos debemos hacernos cargo del fracaso de estos últimos 45 años.

En esta época de encierro hemos participado en cientos de charlas, conferencias y talleres durante esta pandemia, ninguna fue convocada por los partidos políticos, en todas fuimos capaces, sin preguntar de que orígenes éramos, de debatir sobre diferentes temas en forma constructiva.

Si los presuntos dirigentes no lo pueden o no lo quieren hacer es porque en realidad lo que quieren es solo pensar en como afirmar o retomar su espacio de poder.

Es momento de discutir todo, pero todo debe ser puesto al servicio del futuro y del conjunto social, especialmente en integrar al sector desplazado porque no fueron ellos por su voluntad excluidos, esa exclusión no existía hace 45 años.

Para saldar el pasado, como carecemos de un fuerte liderazgo, para que todos se sienten a debatir el futuro con el ánimo de llegar al consenso, son los políticos los que debemos hacernos cargo del fracaso de estos 35 años de democracia y generar desde el poder político los instrumentos que nos permitan un borrón y cuenta nueva.

Tenemos que dejar de usar vericuetos, aprietes, campañas de prensa, donde ganan los profesionales de la grieta y pierde el pueblo.

Disfrazar la absolutamente necesaria reforma judicial para seguir usando la justicia como herramienta política de la venganza, es una nueva afrenta al pueblo. Que espera de la justicia otras cosas más urgentes.

Rapidez, oralidad para los temas menores, transparencia usando las nuevas tecnologías, ruptura de las corporaciones que viven de la supuesta justicia devenida en injusticia. Protección para las mujeres acosadas o violadas, poniendo al victimario como objeto de investigación y no a la víctima.

Debemos recuperar la política como una actividad prestigiosa, no como una fuente de empleo.

Usar la obra pública para viabilizar los planes de desarrollo y no para consolidar punteros territoriales.

Recuperar la educación pública recuperando a los sectores que huyeron hacia la privada en búsqueda de mejor educación.

Recuperar la salud pública para el conjunto social recuperando a los que huyeron en búsqueda de la mutual o prepaga para gozar de atención médica.

Hagámonos cargo, de frente digámosle al pueblo que asumimos nuestro fracaso, ante la imposibilidad de que uno gane y otro pierda y consientes de que ese semi empate se convierte en un pantano, cortemos por lo sano. Borrón y cuenta nueva.

Así como la iglesia, para lograr elegir a un Papa, los cardenales se encierran hasta lograr el acuerdo, lo políticos argentinos debemos encerrarnos hasta lograr el consenso necesario para convocar a todos los sectores a construir la nación inconclusa. Una Nación que tenga su impronta, su plan, para presentarse al mundo en forma monolítica.

Que los disensos sumen y no anulen.

Seguir con este empate impide construir un Estado, impide el desarrollo y enriquece a los vivos que en la pelea sacan su provecho a costa del esfuerzo de todos, nos deja sin moneda y con inflación.

De ser un país que convocaba a emprendedores hoy los nietos de aquellos quieren emigrar, es se llama fracaso.

¡ARGENTINOS A LAS COSAS!

*De izquierda a derecha: Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta; Presidente de la Nación, Alberto Fernández; Gobernador de la provincia de Buenos Aires; Axel Kicillof.

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