Opina Calabrese: Los años de plomo (IV)

OPINIÓN

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Presidente de Argentina, Héctor José Cámpora y su esposa. A la izquierda, presidente de Chile, Salvador Allende (1973) / Foto: Desconocido – Diario argentino “La Razón”

Por Antonio Calabrese, abogado constitucionalista, historiador, político. Columnista de LaCity.com.ar.

Causas y Efectos

La resistencia y el desarme del peronismo contra la dictadura y la proscripción

Lectura: 7 minutos

VI. – EL CAMPORISMO EN EL PODER

Rechazado por la Corte Suprema el pedido de inconstitucionalidad planteado por el Dr. Santiago Díaz Ortiz sobre la «cláusula de residencia», Perón es acorralado, frustrándose su primer intento de pacificación y comete el gran error, que a la postre terminará definitivamente con su intento de lograr la paz pagando con su vida por ello.

La nominación de Cámpora, hombre señalado por su lealtad al efecto, como candidato de transición para desalojar a los militares y así obtener luego la eliminación de aquella proscripción, terminaría significando alimentar el fuego, pues sus hijos, su sobrino Mario, sus familiares y allegados estaban todos apoyando al progresismo de izquierda empujado por las agrupaciones clandestinas.

Confirmando aquella máxima atribuida a Confucio, que sostiene que tras cada obsecuente se esconde un traidor, Cámpora, dejando de lado la política pacificadora de Perón, delega el poder, en su breve interregno, en los elementos extremistas de las «formaciones especiales».

Quiebra el field de la balanza de la estrategia peronista de la resistencia hacia el lado de una sola de sus herramientas, la peor de todas.

En su discurso inaugural ante la apertura del Congreso expresa legitimando la violencia venidera sosteniendo «que es el resultado de una sociedad injusta» y apenas a los dos días de asumir, los terroristas coparon la localidad de Gerli como asimismo, luego, retienen secuestrados al Almirante Alemán y al Comandante Nassif.

El acta de asunción es rubricada por los presidentes marxistas de Chile Salvador Allende y de Cuba Osvaldo Dorticós, lo que constituía toda una provocación y declaración de principios.

Paralelamente impidieron el acceso al presidente uruguayo Jaime Bordaberry, lo que constituía una insolencia internacional, cualquiera sea el origen de aquel, que por otra parte había sido invitado y agredieron al Cardenal Caggiano atacando en las postrimerías de la jornada al Brigadier Rey y al Almirante Coda, dejando como saldo del día (12) doce heridos de bala y (2) dos muertos.

Aquella noche se produjo la apertura del penal de Villa Devoto liberando a 371 detenidos, indiscriminadamente, entre ellos, por ejemplo el narcotraficante François Chiappe.

En Córdoba asumido Obregón Cano, con la excarcelación de los terroristas detenidos, fugaron 70 delincuentes comunes tras un motín, mientras en La Plata el gobernador Bidegain recibía triunfalmente a 19 guerrilleros que se encontraban detenidos en la cárcel local y en Mendoza, el primer mandatario Martínez Baca concurrió al aeropuerto a recibir a los terroristas como «héroes de la liberación nacional».

El 29 de Mayo el presidente cubano Dorticós viajo a Córdoba, acompañado del vice gobernador Atilio López, junto a los líderes de Montoneros y del ERP a festejar el aniversario del «Cordobazo».
Todos ellos después obligados a renunciar, destituidos o intervenidos por Perón.

Tarde, el daño ya estaba hecho.

Se disolvió la Cámara Federal en línea con el atentado contra la vida de sus miembros, en uno de los cuales murió el Juez Jorge V. Quiroga.

Para darse una idea del clima de locura, el 27 de Mayo, hasta los pacientes del hospital neuropsiquiátrico tomaron las instalaciones manteniendo como rehenes a médicos y enfermeras, según recuerda Ambrosio Romero Carranza.

El ERP comunica: «Cesar las hostilidades y respetar una tregua en la coyuntura actual, es dar al enemigo el tiempo necesario para preparar una contraofensiva».

El diario «La Prensa» del 16 de junio informa que en los últimos 20 días desde la asunción de Cámpora se habían producido: «motines carcelarios 4; incidentes violentos en los que hubo que lamentar víctimas 18; ocupaciones de hoteles, tiendas, fábricas, buques, bancos 10; ocupaciones de hospitales, sanatorios, centros asistenciales de salud 10; ocupaciones de escuelas y colegios secundarios 70; ocupaciones de universidades 7; fugas colectivas de presos 3; actos subversivos ejecutados por grupos armados 10; declaraciones y proclamas subversivas de estos grupos armados o amenazas, extorsiones, secuestros por organizaciones clandestinas 13; ocupaciones de dependencias oficiales 14; ocupaciones de viviendas construidas por organismos estatales 3; ocupaciones de radioemisoras, canales de televisión, diarios, agencias noticiosas 16; ocupaciones de aeropuertos 2…» Total 186 hechos.

Y todavía faltaban los episodios de Ezeiza del 20 de junio con la llegada de Perón por segunda vez al país después del largo exilio.

Fue un festival del horror. Un pueblo movilizado, se supone que acudieron más dos millones de personas, tratando de ser copado espuriamente, por las agrupaciones armadas.

Podría deducirse que el intento de tomar por asalto el palco y el acto del regreso, iba de la mano de arrastrar a Perón, que se suponía venía a terminar con la transición de Cámpora, a mantener el statu-quo y en todo caso forzarlo u obligarlo a encabezar formalmente una revolución de izquierdas, sino asesinarlo.

El diario «La Razón» del 22 de junio describía el núcleo del enfrentamiento de la siguiente forma: «Al avanzar la columna izquierdista hacia el palco, un sujeto levantó en alto el megáfono. Esa pareció la señal para empezar las hostilidades. Inmediatamente desde dos ómnibus “Leyland” estacionados comenzaron a disparar ráfagas de ametralladoras contra el personal que custodiaba el palco de honor. Coordinadamente abrieron también fuego los efectivos de las columnas del ERP, FAR y Montoneros, mientras los francotiradores comienzan a disparar desde la copas de los árboles con armas largas provistas de miras telescópicas. La gente que custodiaba el palco se encontró entre dos fuegos. Uno de ellos atinó a decir: “los troskos (trotskistas) nos tienen rodeados; no tenemos salvación…”. Pasadas las 14.40 uno de los ómnibus “Leyland” emprendió la retirada y el otro fue alcanzado por una granada incendiaria. En su interior, blindado con chapas de acero y con apoyos para el manejo de los fusiles ametralladoras, se encontraron armas de todo calibre calcinadas. Cuando arreciaba el combate, la policía acantonada a corta distancia fue requerida para que interviniese, pero se negó por no tener instrucciones del Ministro del Interior».

Se denunciaron 212 muertos y múltiples actos de sadismo, hasta castraciones, torturas, linchamientos (se veían los cadáveres colgados de los árboles), etc.

Fue dantesco, incomprensible, el horror llevado a su expresión máxima.

Finalmente el avión que traía a Perón aterrizó, desviado, en la base de Morón.

En días posteriores, en la última quincena de Julio según datos de Romero Carranza, se produjeron: ocho tiroteos; siete asaltos de naturaleza política; cuatro ocupaciones ilegales; seis secuestros; tres despojos de armas policiales, cuatro heridos graves; y dos muertos.

Recordemos que según algunos testigos como acto iniciático para ingresar a esas organizaciones se exigían actos demostrativos, por ejemplo, atacar por sorpresa a un policía o uniformado aunque hubiera que matarlo, para robarle el arma.

Artículo relacionado: Opina Calabrese: Los años de plomo (III)

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