Carnes eran las de antes, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

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«Nuggets» artificial / Foto: © BrokenSphere / Wikimedia Commons

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 5 minutos

El ente regulador de Singapur aprobó, el 26 de noviembre pasado, carne de pollo artificial creada en laboratorio para el consumo humano y su venta al público en forma de nuggets de pollo en un restaurant. Serán incluidas en el menú como «pollo cultivado» y costarán más que las tradicionales.

El proceso de producción de carne sintética consiste en tomar células de un animal, mediante una biopsia, estas células se alimentan con un caldo de nutrientes y se colocan en un biorreactor, para su multiplicación.

El objetivo de estos desarrollos es bajar la cantidad de gases de efecto invernadero con respecto a la producción de carne tradicional, y evitar el sufrimiento animal.

Sin embargo, los costos de este tipo de productos son altísimos (cientos de euros por kilo), por lo que los nuggets serán unos «bocados» de células de pollo artificial mezcladas con proteína vegetal.

La empresa que realizó el desarrollo y que estuvo trabajando en esa aprobación es Eat Just, una start-up con sede en Estados Unidos. Desarrolla y comercializa alimentos con materias primas vegetales que intentan reemplazar a las proteínas animales. Su desarrollo para el reemplazo de huevos de origen animal fue muy exitoso, especialmente en ingredientes para usar en comidas al horno, en huevos revueltos y en mayonesas.

Eat Just fue creada en 2011 y se convirtió en unicornio en 2016 (forma en la que se designa a las empresas nuevas que llegan en el corto plazo a valer más de mil millones de dólares), gracias a los aportes de fondos de inversión.

La defensa de la ecología deja buenos dividendos.

Mientras tanto, repasemos cómo se encuentra el consumo de carne animal (vacas, ovejas, cerdos, aves, cabras).

Mientras que casi toda América, casi toda Europa, Rusia, China y Australia consumen más de 80 kg de carne por año por habitante, llegando Estados Unidos, Argentina, Australia y España a más de 100 kg por año; la mayoría de los países de África y la India consumen menos de 20 kg por año (Fuente: Atlas Mundial de la carne 2021 OWID, «Nuestro mundo en datos» según su sigla en inglés).

Con respecto a la ingesta de proteínas «Casi una quinta parte de la población mundial no tiene suficiente, mientras que las personas de los países más ricos ingieren muchas más de las que necesitan» (MIT Technology Review, enero 2021).

En 1960 la población mundial era de 3.000 millones de personas y comían alrededor de 70 millones de toneladas, con una media aproximada de 23 kilogramos anuales por persona. En 2018, éramos 7.600 millones de personas y consumíamos 350 millones de toneladas, lo que nos habla de un aumento importante en la media de consumo: 46 kilogramos anuales. La presión sobre los terrenos cultivables en el mundo ha aumentado con el crecimiento de la demanda de carne.

La emisión de gases de efecto invernadero, la desforestación para ampliar las áreas cultivables, el desgaste del suelo, el sufrimiento animal, la contaminación del agua, el riesgo que significa para la salud el consumo excesivo de carnes rojas, son algunos de las razones por las que debemos reconsiderar la producción ganadera en el mundo.

Pero, debemos reconsiderar también, la distribución equitativa de proteínas a nivel mundial, la defensa de los millones de personas que viven de la ganadería, la educación de la gente con respecto a los hábitos de una alimentación saludable, el resto de los procesos que producen gases de efecto invernadero y que representa el 80% del total de emisiones.

La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) prevé que la población con hambre extrema crecerá hasta los 840 millones para el 2030.

Vamos hacia un mundo superpoblado. Seremos 8.500 millones de personas en 2030. África, el continente con más escases de alimentos es el que tiene la más alta tasa de crecimiento.

Necesitamos una política demográfica a nivel mundial.

La comida, la energía y el agua potable van a ser bienes muy preciados y escasos en las próximas décadas. Aquellos países con baja densidad poblacional y con capacidad para la producción de alimentos serán los más beneficiados.

La ciencia y la tecnología aún no han demostrado su capacidad para erradicar el hambre. Éste, quizás, sea un comienzo.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

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