Ciudades Inteligentes, escribe Mariana Gonzalez

OPINIÓN

50375802637_b4cf4e7eac_c
Foto: Tumisu en Pixabay

*Escribe Mariana Gonzalez, especialista en Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA. MBA, ITBA.

Lectura: 7 minutos

Tokio, Londres, Nueva York y París se disputan el primer puesto en el mundo, como ciudad inteligente.
Buenos Aires y Santiago de Chile lo hacen en Sudamérica.

Toyota anunció el año pasado la creación de Woven City, una futura ciudad inteligente, hecha desde cero.
No hay ciudades chinas o rusas como ciudades inteligentes entre los primeros puestos de los diferentes rankings que se elaboran.

Las ciudades inteligentes son aquellas que buscan el bienestar, la seguridad, la cohesión social y la equidad de sus habitantes.

Es una ciudad que maneja eficaz e inteligentemente los recursos ecológicos, sociales y económicos de la comunidad; que define y cumple un plan de desarrollo sustentable y sostenible; que tiene amplia participación de la gente; que su territorio está conectado y organizado eficientemente; que tiene una economía sana; que tiene una infraestructura en comunicaciones y computacional importante donde administra toda la información que recolecta y actúa en base a esa información sobre todo en áreas de seguridad, transporte, energía, servicios, agua, residuos y deshechos.

No hay ciudades perfectas, aún las consideradas mejores son deficientes en algún aspecto, por ejemplo tanto Londres como Tokio lo son en cohesión social.

Siguiendo el lineamiento de «Cities in Motion» del IESE de la Universidad de Navarra, agrupamos las características que se analizan para evaluar la condición de inteligente de las ciudades en:

  • Capital humano: incluye la proporción de habitantes con educación media y superior; la cantidad de escuelas, universidades, museos, teatros, galerías de arte; los gastos en educación, ocio y recreación per cápita.

  • Cohesión social: estudia si el entorno es amigable para la mujer y la proporción de empleo femenino; la cantidad de hospitales y centros de salud; los índices de criminalidad y violencia, las tasas de homicidios, decesos y suicidios; la relación entre el costo de una propiedad y el ingreso medio familiar.

  • Economía: evalúa la economía colaborativa, por ejemplo Uber o Glovo; el poder adquisitivo doméstico; el porcentaje de nuevos emprendedores motivados por oportunidades con respecto a los que lo hacen por necesidad; la productividad laboral; el tiempo requerido para iniciar un negocio; el PBI per cápita.

  • Gestión de gobierno: analiza el nivel de inserción de la gestión electrónica; el porcentaje de habitantes que trabaja en el estado; la cantidad de edificios gubernamentales; la fortaleza de los derechos legales y jurídicos; el índice de percepción de la corrupción; los servicios urbanos y la calidad de vida; el nivel de apertura de la información y si es accesible para todos; la calidad democrática; las reservas per cápita.

  • Medioambiente: considera la cantidad promedio de residuos sólidos por persona; el nivel de emisiones de CO₂ y metano; el índice de polución; la cantidad de partículas en el aire; el porcentaje de la población con acceso al agua potable; las fuentes de agua renovables.

  • Movilidad y transporte: considera si la ciudad tiene alquiler de bicicletas, monopatines y ciclomotores, si cuenta con un servicio uso público de bicicletas compartidas; la cantidad de bicicletas por persona; la longitud y la cantidad de estaciones de la red de subterráneos; el índice de ineficiencia en el tráfico medido en el tiempo necesario para trasladarse; la existencia de una red ferroviaria; la cantidad de vuelos que unen a la ciudad.

  • Planificación urbana: estudia el número de personas por hogar; el nivel de saneamiento urbano, los espacios verdes.

  • Tecnología: tiene en cuenta la cobertura 3G; el nivel de acceso a internet de los hogares y la velocidad; la cantidad de PC y teléfonos móviles por persona; el uso de video llamadas; el internet banking; el porcentaje de la población cubierta por una red móvil LTE o WiMAX.

Si bien el resultado de estos estudios para ubicar en distintas posiciones a las ciudades puede depender de la institución que lo hace, lo importante es detenernos en los rubros de estudio y evaluar en cuáles cada ciudad es deficiente y trabajar en consecuencia.

Sostenibilidad, innovación, sustentabilidad y participación ciudadana son las claves.

El reconocimiento del problema y su magnitud es el primer paso; luego el análisis, definición y desarrollo de medidas para su solución. Y allí está la gran aliada: la tecnología.

  • Los pequeños e imprescindibles ignorados: lo sensores, que nos informan todas las variables que queramos medir: la polución del aire, semáforos que reconozcan ambulancias, la crecida de un río, los lugares libres en un estacionamiento, el riego de las plazas, el nivel de uso del sistema de bicicletas público por estación, las filtraciones de deshechos cloacales.

  • La red de fibra óptica y las comunicaciones 5G que van a permitir ciudades total e inteligentemente comunicadas.

  • El uso de Big Data que nos permite administrar y analizar conjuntos de datos enormes, complejos y en crecimiento constante.

  • La Inteligencia Artificial que posibilita la mejora constante en la toma de decisiones en forma automática.

  • Los actuadores que ante las señales de alarma que le llegan de los demás componentes, actúan para subsanar o al menos informar anomalías.

Pero, como dice Jules Coleman del Global Futures Group «Las ciudades inteligentes no le ocurren a los ciudadanos; ¡Las ciudades inteligentes las crean los ciudadanos!».

Es imprescindible una fluida comunicación y relacionamiento entre la ciudadanía y los responsables de la gestión gubernamental. Se necesita esfuerzo comunitario y eficacia en las repuestas de las decisiones de gobierno.

El uso de bicicletas, por ejemplo, es beneficioso desde todo punto de vista, población más saludable, baja en la emisión de CO₂, descongestión del tránsito, etc. Para eso se necesita que se provea a la comunidad con una amplia e inteligente red para ciclistas y que la comunidad se comprometa a su uso.

Una gestión eficiente de los residuos requiere de la provisión de recursos y herramientas por parte del gobierno y de un compromiso de los habitantes. No hacemos nada con poner sensores en los contenedores que informen cuando se llenan si la comunidad no actúa dentro de los procedimientos.

La pandemia que estamos sufriendo también nos deja enseñanzas, la resiliencia de las ciudades tiene que llevar a la gestión pública a rediseñarse, a innovar, a actuar globalmente, a escuchar a la comunidad y sus necesidades para lograr una vida digna y un bienestar sustentable.

Pensemos en el medioambiente, que va a seguir siendo el entorno donde vivimos, y que cada vez está más contaminado.

Pensemos en el hoy, en las necesidades de una comunidad golpeada y en el mañana, ya que dentro de 30 años el crecimiento demográfico va a hacer insostenible ciudades como las actuales.

Los gobernantes deben ponerse como objetivo llegar a estar incluidos en el ranking de ciudades inteligentes, pero, no por el galardón sino por lo que va a significar para la comunidad que los eligió todos los cambios que se introduzcan y redunden en una calidad de vida mejor.

*Mariana Gonzalez
Computación Científica, Fac. Ciencias Exactas UBA
MBA ITBA
Empresaria en Argentina y Uruguay en empresas de tecnología.

Otro artículo escrito por Mariana Gonzalez: Recuperando Internet
Otro artículo escrito por Mariana Gonzalez: Sociedad 5.0

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s