Terrorismo islámico ocupa un sector de la capital de Afganistán

INTERNACIONAL

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Foto: Prachatai

Lectura: 9 minutos

«Las fuerzas de seguridad y de defensa llevaron a cabo una retirada táctica de la sede de la policía local del distrito de Nerkh», dijo el portavoz del ministerio de Interior, Tareq Arian, a la agencia francesa de noticias AFP.

El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, por su parte, aseguró que el movimiento insurgente controlaba el área desde el martes. El ministerio de Defensa afgano afirmó el miércoles que planeaba lanzar una ofensiva para reconquistar el distrito.

Kerkh, en la provincia de Wardak, al sudoeste de Kabul, ha sido utilizado desde hace tiempo como punto de acceso a la capital o base para lanzar ataques. Amplios territorios de la provincia de Wardak y de la vecina provincia de Logar, estratégicas para entrar en Kabul, son controlados o están en disputa desde hace años por parte del talibán.

Los combatientes talibanes rodean cada vez más los círculos urbanos, lo que da lugar a especulaciones de que esperan la retirada de las tropas estadounidenses en Afganistán para lanzar grandes ofensivas contra las ciudades del país.

Este jueves debe entrar en vigor un alto el fuego de tres días por la fiesta del Aíd al Fitr, que marca el fin del Ramadán. Esta tregua fue aprobada por los líderes del terrorismo talibán y el Gobierno afgano.

El saldo de los atentados con bomba cerca de un colegio para niñas en un barrio de Kabul, poblado sobre todo por chiitas, se elevó a 50 muertos, anunció el domingo el ministerio del Interior afgano.

El portavoz del ministerio, Tareq Arian, dijo a la prensa que un coche bomba estalló el sábado delante del colegio Sayed Al Shuhada y otras dos bombas explotaron cuando los estudiantes, presas de pánico, salieron corriendo al exterior.

El funcionario añadió que más de un centenar de personas resultaron heridas y que la mayoría de las víctimas son alumnas.

La Unión Europea (UE) condenó enérgicamente el «horrendo» atentado con bomba que constituye una violación «despreciable» del derecho internacional.

La explosión ocurrió en el distrito de Dasht-e-Barchi, en el oeste de Kabul, cuando los residentes estaban en la calle haciendo compras antes de la fiesta del Aíd al Fitr, que marca el final del mes sagrado del Ramadán.

El barrio está poblado principalmente por chiitas que ha sido atacado por militantes islámicos sunitas.

El portavoz del ministerio de Salud, Dastagir Nazari, dijo que varias ambulancias fueron despachadas al lugar para evacuar a los heridos. «La gente en la zona está molesta y ha golpeado a varios trabajadores de ambulancias», indicó.

«Vi cuerpos ensangrentados entre una nube de humo y polvo, cuando heridos gritaban y sufrían», declaró a la AFP Reza, quien escapó a la explosión.

«Vi a una mujer buscar entre los cuerpos mientras llamaba a su hija», agregó. «En ese momento, encontró una bolsa de su hija ensangrentada y se desmayó».

Reza agregó que la mayoría de las víctimas eran adolescentes que acababan de salir de la escuela.

La misión europea en Afganistán condenó el atentado. «El horrendo ataque… es un despreciable acto de terrorismo», señaló la misión por Twitter.

«Tener como objetivo estudiantes de primaria en una escuela de mujeres, hace de este ataque una agresión contra el futuro de Afganistán. Contra gente joven determinada a mejorar el país».

La misión de asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (Unama) expresó su «profundo rechazo» a la explosión.

«EE. UU. condena este bárbaro ataque cerca de una escuela femenina en Kabul, Afganistán. Ofrecemos nuestras condolencias a las víctimas, muchas de ellas menores, y sus familias. Exigimos el fin inmediato de la violencia y de los ataques sin sentido contra civiles inocentes», dijo en un comunicado el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.

«Unicef condena con fuerza el horrible ataque ocurrido hoy cerca de la escuela secundaria Sayed Ul-Shuhada», dijo en un comunicado su directora ejecutiva, Henrietta Fore. «El ataque se ha cobrado las vidas de docenas de escolares, la mayoría niñas, y ha herido de gravedad a muchos más», agregó por parte el organismo de Naciones Unidas.

Dasht-e-Barchi ha sido frecuente objetivo de ataques de militantes islamistas suníes.

Aunque el ataque no fue reivindicado, el presidente afgano Ashraf Ghani acusó a los talibanes y al Estado islámico.

China puso una voz de alerta por la retirada de tropas de EE. UU.

«Estados Unidos anunció de forma abrupta su retirada completa de Afganistán, lo que ha llevado a explosiones sucesivas en muchas partes de ese país», indicó la portavoz de Exteriores Hua Chunying en un comunicado.

Al menos 85 personas murieron el sábado, la mayoría niñas, y más de un centenar resultaron heridas en una serie de atentados contra una escuela secundaria femenina de la minoría chiíta en Kabul. «Estamos conmocionados por este ataque», dijo la funcionaria china, y pidió a las tropas extranjeras «poner primero en consideración la seguridad de los afganos».

Según Hua, desde que se anunció la retirada de las tropas extranjeras «la situación es cada vez más grave, lo cual ha amenazado la paz y estabilidad de Afganistán y los afganos». Las tropas «deben retirarse de manera responsable para evitar más agitación y sufrimiento», afirmó.

Expertos citados por el diario South China Morning Post indicaron recientemente que China teme que la inestabilidad en Afganistán obstaculice sus intereses económicos y amenace su estabilidad teniendo en cuenta los esfuerzos de Pekín para mantener a raya el extremismo en la región noroccidental de Xinjiang.

«La presencia estadounidense en Afganistán contrarrestó la amenaza islamista. Pero con su retirada, China y otros países fronterizos tendrán que lidiar con este asunto por sí mismos», comentaba a ese diario el experto estadounidense Mark N. Katz.

Mientras, el analista chino Sun Yun aseguraba que «China tiene una clara ventaja en cuanto a capacidad económica en la región» y que su rol es «indispensable e insustituible» para trabajar con otros países con vistas a garantizar la estabilidad afgana.

En ese sentido, la portavoz Hua indicó que «China seguirá apoyando al Gobierno y al pueblo afganos en su lucha contra el terrorismo» y que Pekín desea «trabajar con la comunidad internacional para ayudar a Afganistán a lograr la paz lo antes posible».

Entretanto, los talibanes anunciaron un alto el fuego de tres días con motivo de la festividad del Aid el Fitr, que marcará el fin del mes sagrado de Ramadán a mediados de esta semana, una decisión que desde el Gobierno esperan que impulse las estancadas negociaciones de paz intra-afganas.

El anuncio se produjo en medio de un aumento significativo de la violencia armada en los últimos días tras el inicio oficial de la última fase de la retirada de las tropas extranjeras el 1 de mayo.

Este proceso tiene previsto completarse antes del 11 de septiembre, coincidiendo con el veinte aniversario de los atentados en EE. UU., que desencadenaron la ocupación extranjera de Afganistán y la caída del régimen talibán.

Horas antes de la tregua anunciada por el talibán, al menos 11 civiles murieron y otros 28 resultaron heridos tras la explosión de dos bombas, al paso de un autobús en el sur de Afganistán. Las explosiones tuvieron lugar poco después de la medianoche del domingo en el distrito de Shahr-e-Safa, en la provincia de Zabul, en la carretera principal que conecta Kabul con la provincia meridional de Kandahar, afirmó el portavoz del gobernador de Zabul, Gul Islam Seyal.

Las autoridades afganas culparon a los talibanes. Pero los talibanes, como es habitual en este tipo de sucesos, no se pronunciaron sobre las explosiones, ni rechazaron ni aceptaron la colocación de estos artefactos al borde de la carretera.

Durante los últimos días, decenas de miembros de las fuerzas de seguridad y más de 1.300 combatientes talibanes han sufrido bajas, y unas 2.000 familias han tenido que huir de sus hogares por los combates.

El número de víctimas civiles en el conflicto afgano aumentó un 29 % en el primer trimestre de 2021 frente al mismo período del año pasado, según datos de la ONU, a pesar del proceso de paz en curso que debía haber reducido una violencia en el país que sin embargo se ha intensificado durante las últimas semanas.

El informe de la ONU documentó un total de 573 muertos y 1.210 heridos entre enero y marzo, un incremento que se atribuye a los combates terrestres, a artefactos explosivos improvisados (IED) y a los asesinatos selectivos.

Otro artículo de interés: Estados Unidos retira finalmente tropas de Afganistán

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