Comenzó resistencia armada al Talibán según Rusia

INTERNACIONAL

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Ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov / Foto: МИД России

Lectura: 6 minutos

La resistencia frente a los talibanes se está organizando en la región del Panshir, liderada por el vicepresidente Amrullah Saleh y el hijo del comandante Masud, el emblemático líder antitalibán fallecido, señaló el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov, este jueves.

«Los talibanes no controlan todo Afganistán. Hay informaciones que llegan del Panshir», al noreste de Kabul, «donde se concentran las fuerzas de la resistencia del vicepresidente Saleh y de Ahmad Masud», dijo Lavrov en una rueda de prensa.

Asimismo, Lavrov pidió de nuevo «un diálogo nacional que permita la formación de un gobierno representativo» y destacó que Rusia hacía hincapié en esta idea antes de que los talibanes se hicieran con el poder en Kabul y en la mayoría del país.

Amrullah Saleh, que fue vicepresidente del gobierno de Ashraf Ghani, prometió no someterse a los talibanes y se refugió en el valle del Panshir.

Por su parte, Masud también anunció que se opondría a los talibanes y haría suya la lucha por la libertad que libró su padre, héroe de la resistencia antisoviética y posteriormente en la lucha contra los talibanes. El comandante murió en un atentado dos días antes de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Esta resistencia podría ser la primera piedra de una rebelión contra el nuevo régimen en la zona del Panshir, una zona de difícil acceso y que nunca cayó en manos de los talibanes ni de las tropas soviéticas en los años 80.

El presidente de EE. UU., Joe Biden, afirmó el miércoles que las tropas estadounidenses podrían quedarse en Kabul después del 31 de agosto, la fecha límite que se había fijado para la retirada de todas las fuerzas internacionales.

«Si hay estadounidenses todavía allí, vamos a quedarnos hasta que podamos sacarlos a todos», dijo Biden en una entrevista con la cadena ABC News, que adelantó un extracto antes de emitirla íntegramente el miércoles.

El mandatario insistió en que el objetivo es evacuar a todo el personal diplomático de EE. UU. y sus aliados antes del 31 de agosto, así como a los afganos que trabajaron con las tropas estadounidenses, pero si eso no es posible se determinará «en ese momento» quién queda por ser evacuado y qué deben hacer las tropas.

El ejército estadounidense y la administración del presidente Joe Biden están bajo ataque político a nivel nacional por la derrota de las fuerzas afganas por parte de los talibanes, y el colapso del gobierno del mandatario afgano Ashraf Ghani, respaldado por Washington, el fin de semana pasado.

La velocidad de la caída de Kabul a manos de los insurgentes pareció tomar desprevenido al gobierno de Estados Unidos, que lanzó una operación de evacuación rápida para ciudadanos estadounidenses y afganos que colaboraron con las fuerzas estadounidenses.

Desde el sábado, alrededor de 5.000 soldados estadounidenses han volado al aeropuerto internacional Hamid Karzai de Kabul para gestionar la evacuación de miles de personas.

Los críticos han culpado al Departamento de Estado, a la inteligencia estadounidense y el Pentágono, por no anticipar la debacle y prepararse antes para la evacuación, que involucra a más de 10.000 ciudadanos estadounidenses.

El principal general del Pentágono dijo el miércoles que no había nada que pudiera predecir la velocidad con la que los talibanes tomaron el control de Afganistán cuando Estados Unidos retiró sus fuerzas del país.

«No había nada que yo ni nadie viera que indicara un colapso de este ejército y este gobierno en 11 días», dijo a periodistas el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Mark Milley.

«Las fuerzas de seguridad afganas tenían la capacidad y con eso quiero decir que tenían el entrenamiento, el tamaño, la capacidad para defender a su país. Esto se reduce a una cuestión de voluntad y liderazgo», agregó.

Por su parte, los responsables talibanes, que se comprometieron a perdonar a sus adversarios, se reunieron este miércoles con el expresidente afgano Hamid Karzai, unas conversaciones que recibieron el apoyo de su sucesor Ashraf Ghani que desde Emiratos Árabes Unidos expresó su deseo de regresar a Afganistán.

«Por ahora estoy en Emiratos para evitar el baño de sangre y el caos», dijo Ghani en un mensaje de video en Facebook, tras abandonar Kabul el domingo. «Estoy en negociaciones para volver a Afganistán», aseguró.

Estados Unidos, señalando que «nada» indicaba que las fuerzas afganas colapsarían «en 11 días», reiteró que Ghani «ya no es una persona importante en Afganistán», pero rechazó comentar la decisión del país del Golfo de otorgarle asilo.

Los talibanes, que buscan formar un gobierno, «dijeron que perdonarían a todos los antiguos responsables gubernamentales, por lo que no era necesario que nadie abandone el país», indicó el grupo de vigilancia de sitios islamistas SITE.

Los nuevos gobernantes de Afganistán difundieron por su parte imágenes del expresidente Karzai con Anas Haqqani, uno de los negociadores de su movimiento. Según SITE, también se reunieron con el exvicepresidente Abdullah Abdullah.

El martes, el mulá Abdul Ghani Baradar, cofundador de los talibanes y llamado a tener responsabilidades de gobierno, regresó desde Catar y fue recibido por una multitud al aterrizar en Kandahar, al sur del país.

Mientras tanto, la vida empieza a recuperar su pulso en Kabul, pese al miedo. La tranquilidad reinaba el miércoles en la capital afgana, donde la mayoría de administraciones y comercios estaban cerrados por una importante fiesta religiosa.

Muchos afganos continuaban sin embargo congregándose frente a las embajadas, a raíz de los rumores sobre la posibilidad de obtener un visado o el asilo, o en el aeropuerto de la capital.

El martes, los talibanes intentaron tranquilizar a la comunidad internacional durante la primera rueda de prensa que dieron en Kabul, tras haber tomado el poder.

Prometieron obrar en favor de la reconciliación, no vengarse de sus opositores y respetar los derechos de las mujeres, pero el mundo recuerda su funesto historial en materia de derechos humanos cuando gobernaban entre 1996 y 2001.

Otro artículo de interés: Estrategia de Estados Unidos para proteger civiles afganos

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