Democracia en el banquillo: sentencia, por Hugo Flombaum

OPINIÓN

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Foto: Tumisu from Pixabay

Por Hugo Flombaum, analista político. Columnista de LaCity.com.ar.

Lectura: 6 minutos

Sin duda la sentencia que merece esta democracia representativa es: culpable.

El artículo 22 de nuestra constitución dice: «El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución».

¿No estará ahí el comienzo del problema?

Luego de declarar culpable a este sistema se debe presentar la pena y esta no es como algunos pretenden, buscar la solución con más Estado, la solución es con más Libertad.

El pueblo delibera y lo hace todo el tiempo, sin intermediarios, solo los estados, por su impotencia, intentan interrumpir o mediar en esas deliberaciones porque no pueden ni conducirlas ni comprenderlas.

Los que buscan salidas ajenas a la libertad individual, nuestra esencia, son los creen que el autoritarismo puede ser una opción en nuestra comunidad.

Occidente no eligió la división de poderes y los partidos políticos como ideología, esas fueron herramientas, la ideología que nos caracteriza es la libertad individual y lo que perfeccionó en el transcurso de sus más de trecientos años de vida, fue la justicia social y la expectativa de vida.

Hoy esas herramientas se presentan insuficientes para garantizar la libertad, la horizontalidad que garantiza las herramientas de comunicación hace que la intermediación entre el pueblo y los gobiernos sea cuestionada a diario.

Los gobiernos hoy son más parecidos a una gerencia que a un liderazgo.

Los gerentes rinden cuenta a diario, los gobiernos de antaño se protegían en el tiempo a través de normas que hoy son lentas ante la capacidad de resolución que la comunidad tiene.

Lo representantes electos por partidos que tienen como bases ideas generalistas se convirtieron en inútiles. Hoy el pueblo reclama delegados por fines determinados.

¿Qué significa ser un diputado por el partido tal o cual?

La comunidad requiere representantes por colectivos específicos, que garanticen necesidades objetivas.

El generalismo de las ideas no significa nada para las mayorías.

Es impredecible definir como se conformará la nueva organización democrática en el occidente, lo que está claro es que las fronteras y las naciones son convenciones que se verán cuestionadas por las diferentes expectativas de los pueblos que las componen.

Hay naciones que no pueden sostener su unidad porque las diferencias culturales y de expectativas de los pueblos en diferentes territorios son esenciales.

Querer administrar esas sociedades desde un estado centralizado hace que las crisis de representatividad se sucedan cada vez más frecuentemente.

Esto es un diagnóstico, no es una propuesta, es un debate y todos propondrán soluciones.

Intentaré avanzar con alguna.

Lo primero y esencial es definir una ubicación en el mundo y una forma de relacionar a nuestro territorio con el exterior.

Contemplando que hoy las distancias no existen.

Me conmocionó una noticia días atrás, un joven ucraniano momentos antes de morir por la explosión de una bomba rusa escribió en las redes que su ilusión era conocer a Bizarrap, la gran mayoría de los lectores preguntarán ¿Quién?

Bizarrap es un productor musical de veinte años, argentino, del Oeste del Gran Buenos Aires que produce música con interpretes internacionales. Hace pocos días desafió a sus seguidores a que cuando llegaran a 23 millones las respuestas a su desafío publicaría su nueva obra, lo logró en sólo 6 horas.

Ese es el marco de deliberación que tenemos en el mundo actual.

Hoy la representatividad se organiza por objetivos y los representantes deben actuar en función de lograr ese objetivo dentro del conjunto de decisiones que se tomen en general.

La búsqueda de las nuevas formas deberá contemplar la horizontalidad reinante y la facilidad que tenemos hoy los habitantes para opinar en cada momento.

Las leyes deberían ser debatidas y cada representante deberá opinar desde su parcialidad cómo ayuda o cómo dificulta a la concreción de su objetivo.

Deberá ese conjunto de representantes controlar y orientar al «gerente» designado, en función de la oferta que hizo al ser elegido.

Si ese gobernante es objetado por una mayoría de los nuevos representantes, este debería someterse a una nueva contienda electoral para revalidar su contrato de gestión.

La inmediatez es un concepto arraigado en esta nueva era. Si no lo contemplamos las representaciones no serán tales.

Como dije en otra oportunidad, si a un representante de un colectivo objetivo, sea el de los productores rurales o el de las madres de hijos adictos a las drogas, o los que representan a la lucha contra la violencia de género, o cualquier otra reivindicación objetiva se introducen en los vetustos partidos políticos generalistas, los representantes pierden esa condición y los partidos no ganan en sus objetivos.

La política es la única capaz de modificar las instituciones, lo que cambió es la forma no el fondo de esta.

Hoy hacer política en el marco actual es intentar imponer a través de las instituciones los objetivos que nos representan.

Si la institución que nos contiene opina respecto de mi objetivo en forma diversa no puedo garantizar mi representación.

Eso cuestiona a la institución y a mi representación.

He querido dejar para el final el tema de la justicia.

Desde la primera organización social conocida hasta hoy la justicia tuvo un tratamiento diferenciado, primero la ejerció el Consejo de Ancianos, luego diferentes lideres religiosos, el Senado Romano, los Reyes absolutistas y luego los jueces nombrados en forma vitalicia.

Nunca esa función fue condicionada por la administración ni por los consejos populares, salvo en los absolutismos. Esa opción no se corresponde con la libertad.

No es fácil el armado de una nueva institucionalidad, la actual llevo centenas de años, la nueva seguramente lo logrará en decenas de ellos.

Los conservadores son los que viven de la vieja política. Los apresurados los que quieren voltear todo sin construir lo nuevo.

El proceso está en marcha, ya el debate está en curso. La libertad individual, que es nuestra cultura, garantizará el éxito en la búsqueda.

La manera de terminar con el Cambalache es con más libertad y un estado eficiente al servicio de la gente.

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