Talibán ya controla cuatro grandes ciudades en Afganistán

INTERNACIONAL

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Foto: newsonline

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El ejército irregular talibán logró capturar Kunduz, una gran capital del norte de Afganistán, y Sar-e-Pul, en el noroeste, este domingo. Se trata de la tercera y cuarta capitales provinciales capturadas por los insurgentes en tres días luego de la retirada de las tropas de los ejércitos de los países occidentales liderados por Estados Unidos.

Se trata del avance más importante desde que el grupo fundamentalista islámico lanzara una ofensiva militar en mayo, cuando las fuerzas extranjeras presentes en Afganistán empezaron a retirarse del país.

El presidente afgano Ashar Ghani responsabiliza al gobierno de Estados Unidos, que retiro las tropas estacionadas en la región, por la situación de inseguridad que soporta el país.

«Tras feroces combates, los muyahidines, por la gracia de Dios, capturaron hoy la capital de la provincia de Kunduz», anunciaron los talibanes en un comunicado.

En Sar-e-Pul, «Los talibanes rodearon un batallón del ejército en las afueras de la ciudad» y «todas los demás partes de esta están bajo control talibán», declaró Mohamad Hussein Mujahidzada, miembro del consejo de la provincia del mismo nombre.

Los insurgentes ya se apoderaron el sábado de la ciudad de Sibargan (noroeste), capital de la provincia de Jawzjan, un día después de hacerse con el control de Zaranj (sudoeste), capital de la provincia de Nimroz, cerca de la frontera con Irán.

En los últimos tres meses, los talibanes han aprovechado la retirada de las tropas extranjeras para controlar enormes zonas rurales y ahora centran su ofensiva en las grandes ciudades.

Los talibanes reivindicaron la semana pasada el cruento atentado suicida perpetrado en Kabul contra el ministro afgano de Defensa, en el que murieron ocho personas, y amenazaron con cometer nuevos crimenes contra altos funcionarios del gobierno.

El ataque fue llevado a cabo «por un grupo de muyahidines equipados con armas ligeras y pesadas» y es «el comienzo de las represalias contra los dirigentes de la administración de Kabul que ordenan ataques y bombardeos en todo el país contra civiles», declaró en un comunicado Zabihulá Mujahid, portavoz de los talibanes.

Se trata del primer ataque de magnitud en Kabul en varios meses reivindicado por los talibanes.

El acuerdo firmado en febrero de 2020 en Doha con Estados Unidos, que adelantaba la retirada de todos los soldados extranjeros de Afganistán, incluía el compromiso talibán de no llevar a cabo ataques en las ciudades afganas.

Dos grandes explosiones en Kabul se produjeron la semana pasada con dos horas de intervalo. Ocho civiles murieron y unos 20 resultaron heridos, según un balance actualizado el miércoles por el ministerio del Interior.

El grupo terrorista islámico, está logrando el control de numerosas zonas rurales desde que las fuerzas extranjeras anunciaran su retirada de Afganistán a principios de mayo.

El presidente afgano Ashraf Ghani culpó a la decisión de Estados Unidos de retirar «abruptamente» sus tropas por el deterioro de la seguridad en su país. «La razón de nuestra actual situación es que esta decisión fue tomada abruptamente», dijo Ghani al parlamento, agregando que había advertido a Washington que una retirada tendría «consecuencias».

A principio de mes dos cohetes dañaron la pista del aeropuerto de Kandahar, provocando la interrupción de todos los vuelos de esta gran ciudad del sur de Afganistán, mientras los combates entre el ejército y los talibanes se intensificaron en otras capitales de provincia.

Los insurgentes también se acercaron a los límites de Herat, gran ciudad del oeste, escenario de combates por cuarto día consecutivo, y se acercaron a Lashkar Gah, capital de la provincia de Helmand, vecina de Kandahar.

Desde mayo, aprovechando la ya casi terminada retirada de las fuerzas internacionales del país, los talibanes lanzaron una ofensiva con la que se han apoderado de amplios territorios rurales. Las fuerzas gubernamentales opusieron poca resistencia y controlan apenas los grandes ejes de comunicación y las capitales provinciales, algunas de ellas rodeadas por los insurgentes.

«La situación de seguridad en Afganistán es aún sumamente difícil y por lo tanto exige una solución negociada», afirmó el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Jens Stoltenberg.

En un mensaje en Twitter, divulgado después de un contacto telefónico con el presidente afgano Ashraf Ghani, Stoltenberg aseguró que la OTAN «seguirá apoyando a Afganistán, incluso con fondos, presencia civil y entrenamiento en el extranjero».

A principios de mayo, cuando los aliados anunciaron el inicio de su retirada de Afganistán, unos 2.500 soldados estadounidenses y unos 7.000 de otros países se encontraban en el país.

La misión aliada denominada Resolute Support estaba centrada en un entrenamiento para las fuerzas afganas que les permitiera garantizar la seguridad de su país después de la salida de las fuerzas extranjeras.

Stoltenberg ha afirmado repetidamente que los talibanes no pueden lograr la victoria con las armas, pero las fuerzas afganas han sufrido derrotas seguidas desde el estallido de la ofensiva talibán en mayo.

Otro artículo de interés: Alarma en Europa exilio afgano por avance del Talibán

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